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Señor Abad, señorías, excelencias, caballero, queridos amigos, compañero,

Que sepáis que os somos conscientes de acompañarnos en la misión, que va ser la nuestra.

La asumiremos con todas nuestras fuerzas y de la forma más seria posible, sabiendo que 800000 Mapuches esperan su liberación y su libertad.

El destino ha puesto sobre nuestra cabeza la corona de Orelia-Antoine y dentro de nuestras manos su bandera.

Esta bandera, la bandera del reino de Araucanía-Patagonia, difundo majestad el rey Orelia-Antoine primero, la hizo ondear por primera vez sobre la tierra ancestral de los Mapuches, hace 154 años.

Es del color verde de la esperanza, del blanco de la pureza, y de color azul de la legitimidad y de la fidelidad.

Esta bandera, en otro tiempo inmaculada, conoció batallas y está manchada con la sangre de la independencia, sangre de los hombres muertos en el combate para las libertades, muertos por las balas de los carabineros, sangre de esos quienes, en las vanas derrotas o hacia la represión supuestamente antiterrorista, murieron para seguir dignos.

Si ahora la bandera ya no ondea en los vientos de Araucanía, sigue ondeando con el soplo de los más de veinte prisioneros políticos que están detenidos en las frías cárceles chilenas y se corrompen en sus celdas a la vez que yo os hablo.

La Araucanía es esta bandera, la bandera de un pueblo libre.

Un poeta francés dijo desde lo más hondo de su celda en Fresnes:

“Dios, aquí está corriendo la sangre de la patria.

Oigo el ruido que hace tumbando sobre la tierra,”

“Cuándo veremos surgir,

de la sangre derramada, la cosecha deseada?”

No oiremos más la sangre más querida corriendo sobre la tierra sin reaccionar.

La cosecha está cerca y las cosechas pertenecerán a los que se lo merecen.

Hemos recibido una misión, tiene que ser una lucha:

-Lucha para la justicia, la independencia y la libertad de un pueblo;

-Lucha contra el universalismo occidental, que busca destruir a través del mundo y sin tener en cuenta el bienestar común, la diversidad de los pueblos y de sus civilizaciones;

-Lucha para la defensa de las tradiciones de un pueblo orgulloso, que supo resistir y seguirá resistiendo durante siglos con el empeño suyo contra la colonización de las fuerzas oscuras;

-Para acabar, lucha por los pueblos primeros, los indios, los hombres libres que occidente no escucha lo suficiente pero de quienes tiene tanto que aprender.

Los que explotan tierras que no les pertenecen no tienen que seguir impunes.

Es una lucha revolucionaria a contracorriente, un camino espinoso hacia el don de su mismo, que se presenta delante de nosotros.

A nosotros de seguirlo, de ser dignos de esta causa.

A nosotros de luchar para que, de nuevo sobre la tierra de Nueva Francia, ondea la bandera de nuestro reino.

A nosotros de despertar nuestra alma de combatientes y de luchar cada uno a nuestro nivel para el bien, la independencia y la justicia.

A nosotros de trabajar juntos en las instituciones internacionales: la ONU, Amnistía Internacional o la Liga de los Derechos del ser humano, para obtener la autonomía de nuestros pueblos.

El reino se estaba durmiendo y ahora se está despertando.

Al hombre que golpea a un inocente: que no se le olvide que, en el momento del juicio final, los golpes le serán devueltos.

Libertad para los prisioneros políticos mapuches!

El reino está en marcha para los mapuches. Adelante!

Marrichewu!

Príncipe Stanislas de Araucanía

Discurso de investidura de S.A.R el príncipe Stanislas 1er.

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