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Discurso del Príncipe Stanislas el 23 de agosto de 2014.

El recuerdo de Orelie-Antoine 1er conservará siempre, imperecederamente, el espíritu de aventura.

En efecto, nuestro primer Rey tuvo, más allá del espíritu político y filosófico, una necesidad permanente de aventura.

Sin ese espíritu que perdura a lo largo de los años, sin esas leyendas y sus historias o sin esas ceremonias pomposas y esos uniformes de los que se solían burlar, nosotros no seríamos más que una asociación de recuerdos, un club de viejos admiradores reconstruyendo batallas perdidas.

De esas batallas perdidas retendremos el humanismo, el espíritu de justicia, de libertad, de grandeza popular, la espera sin desfallecimiento de días más bellos.

Orelie soñaba con un pueblo fuerte y fiero, con un pueblo libre, que murió en la simple grandeza casi monástica de la pobreza y la humildad.

Combatir aún hoy en día por el pueblo Mapuche es esencial, y ese no es nuestro único frente. El espíritu de nuestro reino se aplica a todos los pueblos. Es el espíritu de justicia social, más allá de las razas (si es que existen), de los géneros, las religiones y los partidos; es el ideal común que debe motivar a cada hombre a la lucha, lucha cristiana en sí misma desde que Cristo, según San Lucas, dijo: he venido para echar un fuego sobre la Tierra, y ¿y qué tengo que desear, si es ya encendido?

El pueblo Mapuche no espera que el reinado pretenda dirigirlo, al contrario, espera que lo libere, ja que su libertad ha sido durante mucho tiempo obstaculizada.

No tenemos más respeto a nadie del que le tenemos a él y nuestro único deber es desarrollar los medios de una ayuda logística. A todos los demás hombres, debemos infundirles el espíritu arauco-patagonio. Jean Raspail, más allá de sus grandes defectos, supo ilustrar este espíritu, como todos los grandes biógrafos del reinado, de Saint-Loup al príncipe Philippe mi predecesor, quienes han desarrollado y difundido el concepto filosófico del reinado de Patagonie, única monarquía social-popular.

Ellos han sabido mostrarnos la belleza y la grandeza del hombre mientras piensa y mientras actúa; ellos han sabido enseñarles a los hombres a soñar con los ojos abiertos y a compartir sus sueños.

Nuestra tarea, además del combate político al lado de los Mapuches, es la de promover nuestros valores y derramar esta idea magnífica que no puede hacer más que entusiasmar. Debemos ser tanto araucanios como patagonios, indiferentes como lo fue Orelie-Antoine con los golpes bajos de quienes su naturaleza mediocre les rinde esa idea odiosa; pensar, buscar en lo más hondo de nosotros a fuerza de reflexiones, de paciencia, de voluntad y de silencio para exaltar el coraje y la libertad. Es así como aparecerá en el gran día la fuerza de nuestra monarquía.

Nosotros defenderemos nuestro ideal como lo hacen los marineros sobre un barco alcanzado por una avalancha de mentiras y calumnias, navegando durante 150 años sobre las aguas agitadas del cabo de buena esperanza, sacudido en el balanceo y cabeceo, convocado por las canciones engañosas de las sirenas, atravesando las tormentas, pero impulsado como por la mano de Poseidón lejos de las rocas sin perder de vista su cabo inicial.

Algunos querrían desviar el cabo, incluso teniendo el riesgo de que se revirtiera. Esos piratas serán ignorados, no hay ninguna necesidad de armas, se deslizarán sobre nuestra cubierta.

Tengan cuidado , piratas, del simple Entrecasteaux d'Orelie-Antoine, el reinado devendrá con el refuerzo de los Pueblos una nube de fieras naves cubriendo el horizonte de los velos de la libertad.

Viva Araucania, viva Patagonia y viva Francia!

Stanislas Ier de Araucania y Patagonia.

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